domingo, 4 de diciembre de 2016

TREINTA Y TANTOS Y SOLTERA


Te compartiré un fragmento de mi libro AL PUNTO G y una pequeña experiencia. 
Llega una edad en la que empiezan las preguntas: ¿Cuándo te casas? ¿Si quieres tener hijos? ¿Todavía crees que puedes estar sola? La gente hace ese tipo de comentarios meneando la cabeza, juzgando tu escote y en el caso de los hombres sus pantalones con la mirada. Es la manera condescendiente de decirnos inmaduros, ingenuos y pendejos. 

A pesar de todo todavía no encuentro el valor para contestarles a los preguntones justo lo que se merecen. Te contaré un poco de un amigo, en resumen, se trata de comunicarte de manera asertiva y eficaz. 

Un amigo gay me contó cómo salió del closet. La historia es cortita pero muy bella: en una reunión familiar, la abuela le preguntó desde el otro extremo de la mesa por qué no tenía novia a su edad. -¡Porque soy homosexual, abuela! -gritó de regreso mientras se levantaba un poco de la mesa. -¿Y por qué no tienes novio?-pregunto de regreso la abuela. -Prefiero las aventuras de una sola noche, gracias por preguntar -remató. Se quedó sentado y no hablo de otra cosa más que de lo buena que estaba la pierna adobada. 

Desde entonces, nadie le ha vuelto a hacer ninguna pregunta pendeja. La historia viene a cuento porque los homosexuales reprimidos son incomprendidos. Estoy segura que casi todos podemos empatizar con este closet. Todos tenemos un gusto no convencional. Y todos nos encerramos en un closet. 

Y así, nosotros de treinta y tantos y solteros, somos igual de incomprendidos, por eso empatizamos en este closet, somos juzgados de inmaduros, porque no buscamos como generaciones pasadas formar una familia, tener hijos y seguir así generación tras generación. En pleno siglo XXI la vida no la resumimos a eso, no es egoísta decir no quiero tener hijos, cuando ves cómo nos destruimos las parejas.  No se trata tampoco de ser amargado cuando decides estar solo, sin familia y sin compromisos. Hay muchas maneras de encontrar felicidad y no es precisamente cumpliendo los estándares sociales. Tampoco es falta de compromiso y responsabilidad, cuando a penas a esta edad estamos generando un poco de ahorro para conocer o tener algo más. 

Como escort, ya en mis treinta y tantos, sin compromiso, sin hijos y sin familia, era lo más divertido, me gustaba mi trabajo, disfruta conocer hombres, tal vez me enamoraba cada dos minutos, pero no le hacía daño a nadie y si hablamos de amor, el "para siempre" es una frase que no se daba por hecho, tan solo había que voltear un poco y ver la gran cantidad de divorcios qué hay diario. 

Tener una pareja o un hogar no lo son todo. Puedo decir también por experiencia que se puede ser muy infeliz con pareja, se siente peor que la soledad. 

Te voy a contar un secreto: sin importar cuales sean tus decisiones todo mundo va a juzgarte y reprocharte. Lo único que puedes hacer al respecto es expresar con claridad que es lo que deseas de cada persona y cada situación. 

Como soltera de treinta y tantos, como muchos, creo que la respuesta a mis primeras interrogantes es que me falta una sociedad que deje de decir que es lo que necesito para ser feliz. 

jueves, 1 de diciembre de 2016

LIBROS

¿Quieres que te envié mis libros autografiados  a tu ciudad o país? ¿Te gustaría conocerme en una cita inolvidable? En cualquiera de los casos, envíame un correo en el que me digas si te envío los libros o es en una cita. valeriamartell.contacto@gmail.com



martes, 15 de noviembre de 2016

EN EL SEXO, QUE PREFIERES ¿CALIDAD O CANTIDAD?


Aumentar la frecuencia de las relaciones no siempre significa más satisfacción.
El placer conlleva un proceso de aprendizaje. Cuando descubrimos algo que nos produce frenesí, nos dejamos llevar. Sin embargo, con los años, preferimos disfrutar del momento. Empezamos a valorar la calidad sobre la cantidad.
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¿A qué le llamamos calidad?
En el sexo, no se trata de que no nos guste disfrutar en grandes cantidades de aquello que más nos enloquece, sino de que preferimos apreciar cada bocado.
Al transcurrir del tiempo te vuelve más transgresor, eróticamente hablando. La frecuencia erótica dependerá de otras variables: pareja, estilo de vida, salud… La cuestión entonces es saber qué consideramos calidad, que según podría definirse como “el deseo y juego erótico compartido con la pareja elegida y cuya satisfacción final se resume en una mirada de complicidad entre los amantes”.
Está claro que al comenzar una relación todo es nuevo, el deseo es mayor y la pasión aflora a cada instante, pero con el paso del tiempo esto no es siempre así. Por eso, hay que cultivar estos factores en la relación, en vez de dejarse llevar por la creencia de que el amor lo puede todo o de que si llegas al orgasmo eso es que has tenido una buena relación sexual.
¿Cuestión de números?
Si crees que para gozar de una buena calidad en tu vida sexual debes mantener como mínimo relaciones una vez por semana, te sentirás insatisfecho si tienes menos, sin tener en cuenta qué es lo satisfactorio para ti o si estás cuidando o no otras partes importantes en tu relación, que son igualmente sexuales, como la excitación, el autoerotismo….
Los deseos y las necesidades
Al principio de una relación parece que todo cuadra a la perfección. “Poco a poco, dejamos de querer impresionar a la otra persona, nos sentimos mejor con ella y aparece nuestro verdadero yo, haciéndose evidente que cada uno tiene necesidades distintas”. “Como todo en las parejas lo primero es comprenderse, respetarse y buscar un acuerdo. No sirve de nada echarle la culpa a la otra parte y no ver qué está en tus manos”. Así que la mejor opción es “Hacer propuestas, innovar o por indagar en qué es lo que apetece o qué es lo que no apetece y tal vez descubramos que nuestra pareja por una relación que va más allá del sexo”. Y es que un masaje relajante al llegar a casa puede incentivar más el deseo. (OJO, eso es tanto para ellos, como para ellas, que también es hora de desterrar el falso mito de que a los hombres siempre les apetece). Todo ello sin olvidar, además, que nuestra sexualidad es nuestra, y que si bien compartimos parte de ella con nuestra pareja, no hay que dejar de cultivar el mimo por uno mismo a través del autoerotismo.
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